
La propuesta de un Distrito Rural Campesino para Barbosa nace a partir del diagnóstico participativo de las condiciones sociales, ambientales y productivas de las 54 veredas del municipio, así como de la identificación de las transformaciones territoriales que condicionan la permanencia de la vida y la economía campesina en el municipio.
En el caso de Barbosa, estas transformaciones confluyen en un escenario de tensiones y contradicciones: mientras las políticas de ordenamiento territorial y los modelos de ocupación agudizan fenómenos asociados a la expansión urbana, densificación desmedida, mercados inmobiliarios, especulación, cambios en la vocación productiva que prioriza actividades extractivas y agroindustriales, las comunidades campesinas mantienen con esfuerzo su cultura y sus formas de habitar el territorio, sin ser reconocidas ni priorizadas en los instrumentos de ordenamiento y gestión territorial.
La realidad rural campesina del municipio expone una tesis central: la planificación territorial no es un ejercicio neutro ni meramente técnico, sino una expresión de poder que define y condiciona las formas de vida. Como bien señala la geografía crítica, la planificación del espacio es un ejercicio vertical en el que se determina quiénes son reconocidos y quiénes son marginados (Lefebvre, 1974), reproduciendo desigualdades que históricamente han invisibilizado al campesinado. No obstante, existen otras formas de planificar y gestionar el territorio que reconocen a las comunidades y las particularidades de sus territorios; una planificación que comprende las dinámicas locales y contribuye a disminuir los conflictos territoriales (Correa Álzate, S., Lugo Agudelo, H. M., Zapata Ochoa, J. D., Sánchez Betancur, D. A., y Quintero Ramírez, C., 2024). Las visiones del desarrollo se materializan de manera concreta en la planificación del espacio. En Colombia, los instrumentos de ordenamiento territorial se presentan como herramientas jurídicas, técnicas y de gestión para regular los usos del suelo y equilibrar necesidades sociales.
Sin embargo, en la práctica han operado como mecanismos que no representan las demandas de las comunidades rurales. Así, la reproducción de estas visiones se ha hecho a costa de transformaciones violentas en la vida campesina: El modelo de desarrollo vigente busca moldear la vida campesina desde lógicas externas, ajenas a su historia y sus formas de habitar.
En el esquema regional del Área Metropolitana, el norte del Valle de Aburrá ha sido proyectado como una zona industrial, lo cual ha producido una relegación sistemática de las comunidades campesinas que históricamente han habitado estos territorios. En la actualidad, la administración municipal orienta la planificación de Barbosa hacia una vocación industrial, subordinando la empleabilidad a las empresas privadas y reduciendo las posibilidades de cultivar, transformar y consumir, así como de comercializar productos propios, ¿hacia dónde se dirige Barbosa bajo este modelo de desarrollo?
Ante este panorama, se hace fundamental que las comunidades campesinas organizadas impulsen la creación de una figura de gestión, planificación y defensa del territorio rural. Dicha figura debe reconocer su presencia histórica y su legitimidad como sujetos de especial protección constitucional, además de salvaguardar su territorialidad. Como advierte Margarita Serge, las campesinas y campesinos han luchado permanentemente por construir su autonomía, decidir sobre el territorio que habitan y definir cómo desean vivirlo.
La presente publicación responde a esa necesidad con la propuesta del Distrito Rural Campesino de Barbosa -DRC-, concebido como un instrumento de ordenamiento territorial para la protección de la vida y la permanencia campesina. El DRC adquiere aún mayor relevancia en tanto coincide con la próxima actualización del Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT) de Barbosa en 2027, lo que abre la posibilidad de incidir en las decisiones municipales desde una apuesta construida con las comunidades campesinas.
Este proceso se nutre además de la experiencia del Distrito Rural Campesino de Medellín, cuyos aprendizajes y retos ofrecen un referente clave para fortalecer modelos alternativos de planificación rural. A partir de allí, la perspectiva de una Biorregión campesina en el Valle de Aburrá se perfila como horizonte estratégico para articular territorios, comunidades y ecosistemas bajo principios de justicia agraria, soberanía alimentaria y autonomía territorial.
La construcción del DRC de Barbosa se fundamenta en la aplicación de tres enfoques centrales. El enfoque territorial permite reconocer la diversidad de dinámicas sociales, económicas y ambientales que conviven en las veredas, y posicionar al campesinado como actor clave en la planificación. El enfoque de género busca garantizar espacios seguros para la participación activa de las mujeres campesinas en las decisiones territoriales, reconociendo las múltiples violencias que las atraviesan, así como, su trabajo en los sistemas de producción y en la gestión comunitaria para la permanencia campesina. Y el enfoque de geografía crítica orienta el análisis hacia las relaciones de poder y desigualdades que atraviesan el ordenamiento territorial, mostrando que la planificación no es neutra, sino un terreno en disputa.
La propuesta que aquí se presenta fue construida mediante un ejercicio participativo, donde mujeres y hombres campesinos compartieron experiencias, preocupaciones y propuestas frente a los cambios que transforman su cotidianidad y amenazan su permeancia. A lo largo de las páginas se recoge la memoria de las formas de organización comunitaria en el municipio y sus apuestas por la autonomía, por la gestión comunitaria del agua, la defensa de los ecosistemas estratégicos y la persistencia de la producción campesina en condiciones adversas.
Desde la Corporación Ecologista y Feminista Penca de Sábila, este proceso busca el fortalecimiento organizativo de las comunidades rurales y campesinas y de las mujeres para participar activamente en la gestión social y ambiental de sus territorios, en la defensa de los bienes comunes y de sus derechos, con conocimiento apropiado del marco institucional que les permita sostener relaciones interinstitucionales con autonomía y equidad.
La publicación se divide en cuatro apartados: primero, se expone el marco metodológico que orientó el proceso; segundo, se presenta la identificación de las condiciones veredales del municipio de Barbosa en sus dimensiones sociales, productivas y ambientales; tercero, se presentan los resultados del ejercicio de transformaciones territoriales, y por último, se sustenta y desarrolla la propuesta del Distrito Rural Campesino como herramienta de gestión y defensa de la ruralidad.
Reconocemos la velocidad con la que suceden las trasformaciones territoriales en cada una de las veredas del municipio. Por ello, no concebimos este ejercicio participativo y perceptivo como una verdad definitiva, homogénea o inmutable. Se trata, más bien, de una invitación a planificar el territorio de abajo hacia arriba con participación activa de la comunidad, a reconocer la dignidad de sus resistencias y a cuestionar las políticas de desarrollo que históricamente han ignorado el territorio rural y al campesinado.
Esta publicación es fruto del intercambio de saberes, de la palabra, del trabajo colectivode las comunidades campesinas de Barbosa y del equipo de la Corporación. Juntos/as recogimos la información y reuniremos la fuerza política que sostendrá esta propuesta, contra las lógicas que históricamente han despojado el territorio rural campesino de Barbosa.




La frase aquella, repetida ene mil veces del olvido del campo colombiano, tiene relación con la problemática central de Colombia, con esa imposibilidad de ser un pueblo, una nación, un país, una república, inclusive podríamos hasta poner aquí la palabra patria, ser una patria. Un territorio gobernado incluyendo a toda su población, con un estado garante de los derechos, un estado que fuese realmente facilitador de la convivencia, la equidad, la paz, la democracia, las libertades. Pero no es así, el olvido del campo es la expresión más clara de un proyecto de país que no cuaja, de una sociedad que no pacta, de una perpetua confrontación que tiene de fondo histórico la acumulación violenta de tierras.
Desde el choque violento que significó el mal llamado descubrimiento de América, pasando por la colonia, la guerra de independencia tuvo este telón de fondo, el control de la tierra, de las riquezas naturales. No se consolida una república moderna, así fuese un momento propicio para materializar las ideas de la revolución francesa: la libertad, la igualdad, la fraternidad, inspiradoras para los revolucionarios independentistas. Pudo más el choque de intereses, que no se tramita democráticamente entre latifundistas conservadores y artesanos y comerciantes progresistas.
Siempre hemos vivido esa paradoja entre el discurso y la praxis, paradoja siempre presente en la vida política y social de Colombia. Tampoco cuajó la república liberal y poco eco tuvo el populismo, que fue una caricatura y menos una alternativa socialista y nunca, prácticamente nunca hemos vivido una democracia real, destellos democráticos. Siempre de fondo el control de las tierras, el destierro de aborígenes y comunidades campesinas, el arrasador despojo. Nunca una independencia real, siempre hemos vivido en un marco de dependencia, del imperio español, de Inglaterra, de Estados Unidos, y hoy de las corporaciones privadas transnacionales que han capturado la independencia de las instituciones del gobierno mundial, la ONU misma, y los estados de cada país. Hoy los TLC son la manera de controlar nuestro desarrollo propio, la autonomía económica, la soberanía sobre nuestro territorio y sus riquezas.
La dependencia, el despojo de los territorios, el narcotráfico como negocio que financia la guerra, enriquece locamente y corrompe la vida social y las instituciones, son el trasfondo de una negociación con las guerrillas que parece que llegará a acuerdos, que de lograrse permitirá expresar y concertar en un ambiente más democrático las propuestas.
Y hoy con énfasis especial, cuando se discute la actualización de los Planes de Ordenamiento Territorial, decimos que es posible vivir distinto, que es urgente y necesario respetar nuestras comunidades y sus culturas, preservar la base natural, respetar el agua como bien común y derecho humano, y garantizar nuestra soberanía alimentaria. En todos los municipios debemos hacer respetar el territorio campesino, la vida y la economía campesina y reivindicar sus derechos.
Respaldamos por esta razón los paros agrarios y sus propuestas, todas relacionadas con el respeto a la ruralidad, a la agricultura familiar, a la minería ancestral y al respeto por sus economías tejidas alrededor del café, la papa, el arroz, la caña, la panela, la cebolla, el maíz y la leche. Paros que rechazan las leyes y normas que privatizan bienes comunes como las semillas y especies propias, el agua y los territorios e ilegalizan las actividades productivas sustento de estas comunidades.
Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila
Agosto, 2013.
Una edición especial del Periódico Virtual Infoagro sirve para recoger las consideraciones de los integrantes del Colectivo de apoyo a Via Campesina y a la Asociación por la Salvación Agropecuaria sobre el análisis de un modelo alternativo basado en la agroecología, y que es tema fundamental de las discusiones sobre el impacto de los TLC en las economías rurales. El propósito central del Coletivo es apoyar las luchas de 200 millones de campesinos de todo el mundo, coordinadas por VIA CAMPESINA, cuya orientación fundamental es la lucha por la Soberanía alimentaria.
Compartimos este documento para incentivar su difusión y seguir aportando argumentos a los debates que hoy se intensifican.
17 de abril de 2012.