
La propuesta de un Distrito Rural Campesino para Barbosa nace a partir del diagnóstico participativo de las condiciones sociales, ambientales y productivas de las 54 veredas del municipio, así como de la identificación de las transformaciones territoriales que condicionan la permanencia de la vida y la economía campesina en el municipio.
En el caso de Barbosa, estas transformaciones confluyen en un escenario de tensiones y contradicciones: mientras las políticas de ordenamiento territorial y los modelos de ocupación agudizan fenómenos asociados a la expansión urbana, densificación desmedida, mercados inmobiliarios, especulación, cambios en la vocación productiva que prioriza actividades extractivas y agroindustriales, las comunidades campesinas mantienen con esfuerzo su cultura y sus formas de habitar el territorio, sin ser reconocidas ni priorizadas en los instrumentos de ordenamiento y gestión territorial.
La realidad rural campesina del municipio expone una tesis central: la planificación territorial no es un ejercicio neutro ni meramente técnico, sino una expresión de poder que define y condiciona las formas de vida. Como bien señala la geografía crítica, la planificación del espacio es un ejercicio vertical en el que se determina quiénes son reconocidos y quiénes son marginados (Lefebvre, 1974), reproduciendo desigualdades que históricamente han invisibilizado al campesinado. No obstante, existen otras formas de planificar y gestionar el territorio que reconocen a las comunidades y las particularidades de sus territorios; una planificación que comprende las dinámicas locales y contribuye a disminuir los conflictos territoriales (Correa Álzate, S., Lugo Agudelo, H. M., Zapata Ochoa, J. D., Sánchez Betancur, D. A., y Quintero Ramírez, C., 2024). Las visiones del desarrollo se materializan de manera concreta en la planificación del espacio. En Colombia, los instrumentos de ordenamiento territorial se presentan como herramientas jurídicas, técnicas y de gestión para regular los usos del suelo y equilibrar necesidades sociales.
Sin embargo, en la práctica han operado como mecanismos que no representan las demandas de las comunidades rurales. Así, la reproducción de estas visiones se ha hecho a costa de transformaciones violentas en la vida campesina: El modelo de desarrollo vigente busca moldear la vida campesina desde lógicas externas, ajenas a su historia y sus formas de habitar.
En el esquema regional del Área Metropolitana, el norte del Valle de Aburrá ha sido proyectado como una zona industrial, lo cual ha producido una relegación sistemática de las comunidades campesinas que históricamente han habitado estos territorios. En la actualidad, la administración municipal orienta la planificación de Barbosa hacia una vocación industrial, subordinando la empleabilidad a las empresas privadas y reduciendo las posibilidades de cultivar, transformar y consumir, así como de comercializar productos propios, ¿hacia dónde se dirige Barbosa bajo este modelo de desarrollo?
Ante este panorama, se hace fundamental que las comunidades campesinas organizadas impulsen la creación de una figura de gestión, planificación y defensa del territorio rural. Dicha figura debe reconocer su presencia histórica y su legitimidad como sujetos de especial protección constitucional, además de salvaguardar su territorialidad. Como advierte Margarita Serge, las campesinas y campesinos han luchado permanentemente por construir su autonomía, decidir sobre el territorio que habitan y definir cómo desean vivirlo.
La presente publicación responde a esa necesidad con la propuesta del Distrito Rural Campesino de Barbosa -DRC-, concebido como un instrumento de ordenamiento territorial para la protección de la vida y la permanencia campesina. El DRC adquiere aún mayor relevancia en tanto coincide con la próxima actualización del Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT) de Barbosa en 2027, lo que abre la posibilidad de incidir en las decisiones municipales desde una apuesta construida con las comunidades campesinas.
Este proceso se nutre además de la experiencia del Distrito Rural Campesino de Medellín, cuyos aprendizajes y retos ofrecen un referente clave para fortalecer modelos alternativos de planificación rural. A partir de allí, la perspectiva de una Biorregión campesina en el Valle de Aburrá se perfila como horizonte estratégico para articular territorios, comunidades y ecosistemas bajo principios de justicia agraria, soberanía alimentaria y autonomía territorial.
La construcción del DRC de Barbosa se fundamenta en la aplicación de tres enfoques centrales. El enfoque territorial permite reconocer la diversidad de dinámicas sociales, económicas y ambientales que conviven en las veredas, y posicionar al campesinado como actor clave en la planificación. El enfoque de género busca garantizar espacios seguros para la participación activa de las mujeres campesinas en las decisiones territoriales, reconociendo las múltiples violencias que las atraviesan, así como, su trabajo en los sistemas de producción y en la gestión comunitaria para la permanencia campesina. Y el enfoque de geografía crítica orienta el análisis hacia las relaciones de poder y desigualdades que atraviesan el ordenamiento territorial, mostrando que la planificación no es neutra, sino un terreno en disputa.
La propuesta que aquí se presenta fue construida mediante un ejercicio participativo, donde mujeres y hombres campesinos compartieron experiencias, preocupaciones y propuestas frente a los cambios que transforman su cotidianidad y amenazan su permeancia. A lo largo de las páginas se recoge la memoria de las formas de organización comunitaria en el municipio y sus apuestas por la autonomía, por la gestión comunitaria del agua, la defensa de los ecosistemas estratégicos y la persistencia de la producción campesina en condiciones adversas.
Desde la Corporación Ecologista y Feminista Penca de Sábila, este proceso busca el fortalecimiento organizativo de las comunidades rurales y campesinas y de las mujeres para participar activamente en la gestión social y ambiental de sus territorios, en la defensa de los bienes comunes y de sus derechos, con conocimiento apropiado del marco institucional que les permita sostener relaciones interinstitucionales con autonomía y equidad.
La publicación se divide en cuatro apartados: primero, se expone el marco metodológico que orientó el proceso; segundo, se presenta la identificación de las condiciones veredales del municipio de Barbosa en sus dimensiones sociales, productivas y ambientales; tercero, se presentan los resultados del ejercicio de transformaciones territoriales, y por último, se sustenta y desarrolla la propuesta del Distrito Rural Campesino como herramienta de gestión y defensa de la ruralidad.
Reconocemos la velocidad con la que suceden las trasformaciones territoriales en cada una de las veredas del municipio. Por ello, no concebimos este ejercicio participativo y perceptivo como una verdad definitiva, homogénea o inmutable. Se trata, más bien, de una invitación a planificar el territorio de abajo hacia arriba con participación activa de la comunidad, a reconocer la dignidad de sus resistencias y a cuestionar las políticas de desarrollo que históricamente han ignorado el territorio rural y al campesinado.
Esta publicación es fruto del intercambio de saberes, de la palabra, del trabajo colectivode las comunidades campesinas de Barbosa y del equipo de la Corporación. Juntos/as recogimos la información y reuniremos la fuerza política que sostendrá esta propuesta, contra las lógicas que históricamente han despojado el territorio rural campesino de Barbosa.



Entre julio y noviembre de 2025, el proyecto Cosechando Memoria recuperó videos de archivo de las actividades de la Corporación Penca de Sábila en tres corregimientos de Medellín: San Cristóbal, San Sebastián de Palmitas, y San Antonio de Prado; con el apoyo de una beca gestión del patrimonio audiovisual del Ministerio de las Culturas, a cargo de la realizadora de Cine y Televisión Maria Antonia Vélez.
Se sistematizó el material análogo encontrado en los archivos de la Corporación Ecologista y Feminista Penca de Sábila, que ha desarrollado proyectos y acompañado procesos de formación, participación y producción agroecológica desde 1988. Se seleccionaron y digitalizaron 20 casetes en distintos formatos, y se copiaron otros materiales relevantes que existían en formatos digitales en otros archivos. A partir de esta selección se realizaron dos encuentros en los corregimientos, más una muestra en un evento público de la Corporación.
Esta memoria audiovisual es otra manera de observar los cambios que han sucedido en las últimas décadas, de recordar las experiencias de formación agroecológica y organización, y de reencontrarse con las personas que se han comprometido con la permanencia campesina.
Se realizaron dos encuentros: uno en San Cristóbal (15 de septiembre) y otro en San Sebastián de Palmitas (6 de octubre). Estos espacios se hicieron en torno a las imágenes archivadas, fueron encuentros emotivos y de reflexión asociada a los procesos organizativos, la conversión agroecológica de la producción y los liderazgos de hombres y mujeres que persistieron y persisten en la vida, la economía y la cultura campesina. Además de ayudar a conservar la memoria, el proyecto se vinculó con las reflexiones asociadas a la participación campesina en el proceso de revisión del Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín, y cómo se debe proteger y fortalecer la figura de Distrito Rural Campesino existente en el Plan.
Edición de video: María Antonia Vélez Serna.
Clips de:
– Programa de Agroecología Región de Boquerón. PROA TV. 1999
– Programa de Educación y Gestión Ambiental Barrio El Limonar. Cinemática Producciones. 1996.
– Proceso revisión y ajuste POT: Recorrido corregimental. Comunicaciones Puerta Abierta. 2005.
– Talleres pedagógicos de educación ambiental. Kaja Audiovisual. 2012.
– Semilleros para la participación juvenil. Comunicaciones Puerta Abierta. 2005.
– Días de Campo. Corporación Región. 2002.
– X Festival Agroecológico, San Cristóbal, 2008.
– VI Festival de Reciclaje Comuni, San Antonio de Prado, 2000.
Música: La Muna https://lamuna.bandcamp.com/






Para muchos de los y las asistentes al 6° Festival de cine de Jardín 2021 convocado por el cineasta Víctor Gaviria con el tema “Campesinos, el corazón de la paz” fue una sorpresa escuchar que en Medellín existen comunidades campesinas y que habitan los corregimientos, menos aún sabían que el Distrito Rural Campesino es una figura de innovación, pionera en el país que tiene por objetivo la gestión y protección del territorio rural campesino del municipio.
El festival de cine de Jardín, realizado del 16 al 19 de septiembre de 2021, contó con una muestra cinematográfica exhaustiva: muestras audiovisuales y actividad académica que transcurre sobre las creencias costumbres, idiosincrasia e historias de resistencia que se constituyó en oportunidad de formación y tuvieron el propósito de estudiar, reafirmar y celebrar el rol fundamental del campesinado en los procesos históricos de Colombia, en el desarrollo de sus imaginarios como país y sus devenires políticos y económicos.

Allí estuvimos presentes con Héctor Manuel Lugo desde el programa de Gestión social y ambiental del territorio, con la charla “El hecho campesino, aunque usted no lo crea en Medellín hay campo, campesinas y campesinos”. Tuvimos como objetivo, mostrar la existencia de la ruralidad campesina, su extensión en el territorio, corregimiento por corregimiento, evidenciando las problemáticas que la ponen en riesgo, como la expansión urbana, la expansión de la frontera de conservación sin gente y cómo los predios campesinos ubicados en esas zonas se encuentran en conflicto y en riesgo con multiplicidad de actores sociales.
Algunas de las amenazas resaltadas fueron, el cobro de impuestos con tarifas calculadas con base a las dinámicas urbanas, la falta de interés de la administración municipal de ver a la ruralidad campesina y su centralización en la estructura urbana, generando la falta de atención y acceso a servicios y presupuesto para acciones y planes de mejoramiento eficaz de la vida campesina del municipio. El público asistente participó a través de preguntas relacionadas con las problemáticas generadas por la vía de occidente y la violencia generalizada en los corregimientos que ha afectado a la ruralidad campesina.


Fotografías: Sergio González.
Reconocemos que escenarios de conversación y de encuentro a través de festivales de cine como el 6° Festival de Jardín y otros que han ido creciendo en el departamento y el país, que priorizan a los campesinos y las campesinas como el corazón de la paz, es centrar de nuevo la importancia y la urgencia de la implementación del Acuerdo de Paz. También, que las afectaciones generadas por la guerra, sus diversas formas de violencia y el desconocimiento de campesinos y campesinas como sujetos políticos y de derechos, debilitan la economía, la vida y la cultura campesina del país.
La riqueza cultural y natural de la ruralidad campesina han sido retratadas por creadores y creadoras audiovisuales a lo largo de nuestra historia. El arte audiovisual permite acercarnos a ella desde otros puntos, otras miradas alejadas del prejuicio, el desconocimiento o los imaginarios sociales que siembran otro tipo de medios de comunicación. Hoy, cuando las crisis climáticas y de civilización que vivimos nos ha demostrado una y otra vez los aportes de nuestras comunidades campesinas, reivindicamos sus derechos y seguimos construyendo con las organizaciones, comunidades, acueductos comunitarios, otras formas de proteger la vida y la permanencia digna en nuestros territorios rurales.
Considerar los retos que existen en Medellín para el desarrollo de los corregimientos parte de la integración real y eficaz de los mismos a las acciones interinstitucionales. Las apuestas por disminuir de forma efectiva la brecha entre el campo y la ciudad pasa por la garantía de los derechos campesinos, de la naturaleza y las mujeres.

Estuvimos conversando sobre estos desafíos en un evento organizado por Comfenalco Antioquia, en compañía de la gerencia de corregimientos de Medellín, Efrén Álvarez, edil del corregimiento de San Antonio de Prado, la Mesa Intercorregimental de Medellín y la Asociación Campesina Campo Vivo de San Sebastián de Palmitas.
Si bien los retos de la dinámica urbano rural de la ciudad son estructurales, hay compromisos desde la administración municipal que deben ser garantizados en su cumplimiento. Desde la Corporación tenemos un ámbito de comprensión de los corregimientos, en los que se desarrollan 3 sistemas: el urbano, el rural/campesino y el de conservación. Esto fue lo que explicó Hector Manuel Lugo, coordinador del programa de Gestión social y ambiental del territorio:

En el sistema urbano, la brecha se ha promovido por la expansión urbana, la falta de equipamientos en salud, educación, entre otras, a causa del urbanismo descontrolado que ha llevado a una crisis ante la cual, la administración no ha hecho nada. Sigue existiendo una inequidad territorial, en la que se exige que los impuestos prediales rurales sean pagados con lógicas urbanas. En el sistema rural campesino se destacó la pérdida acelerada de los predios campesinos, las relaciones socioculturales y la presión al cambio de vocación del suelo agrícola.
En esta línea, en el sistema de Conservación, se llamó la atención sobre las 15.800 hectáreas que son territorio de conservación, actualmente entregadas a la potrerización sin uso y la inexistencia de una política pública reguladora. De esta manera, las tierras que le compran a las comunidades para conservación, generan problemáticas para las y los campesinos. Todo lo anterior se recoge además en la falta de visibilización de la importancia de la ruralidad en el presupuesto de la ciudad.
Al respecto, Efrén Álvarez, resaltó dos problemáticas actuales, consistentes en las dinámicas de ruralización de lo urbano y la urbanización de lo rural, que hace necesaria una política de desarrollo territorial integral en Medellín.

Beatriz Elena Álvarez, campesina de la Mesa Intercorregimental destacó las problemáticas de la ruralidad campesina de la ciudad. El derecho al agua y los acueductos comunitarios siguen estando amenazados por la privatización, la asistencia técnica agropecuaria está fallando en el acompañamiento a campesinas y campesinos, la producción y comercialización de los productos campesinos se ve afectada porque la gerencia de corregimientos no tiene la información frente a las necesidades de las y los productores y los Mercados Campesinos no surten la necesidad de comercialización. Además, la participación campesina se ha impactado negativamente, profundizándose con el covid y las medidas de distanciamiento físico. La conectividad sigue siendo otro punto clave y la brecha digital una realidad.

Tanto Beatriz como Rodrigo Arboleda de la asociación Campo Vivo, insistieron en la negligencia que hay de la administración municipal con el Distrito Rural Campesino. Se ha ignorado el proceso de 5 años que ha representado para las comunidades y organizaciones campesinas y que contiene las bases estratégicas para la dignificación de las comunidades campesinas.
Finalmente, además de lo anterior, Medellín no sabe cuál es la población campesina o habitante de los corregimientos que tiene. Es sabido que la población que no se cuenta, no existe, lo que implica una vulneración al derecho a la información, consagrado por la ONU. Se necesita que el municipio y Planeación, avancen en la zonificación y el desarrollo de Unidades de Gestión Territorial, en inversiones con justicia social y de género en bienestar económico, social y ambiental. Ante los acuerdos público privados que desarrollan desde la administración, insistimos en acuerdos público comunitarios para el bienestar común
Accede al conversatorio completo en:
La manera en la que la academia se está acercando al campo ha demostrado la importancia de interconectar los diferentes sectores de la sociedad, generando beneficios para todos y todas, en este caso a comunidades campesinas y a estudiantes; por dicha razón, el 30 de septiembre de 2020 se realizó el conversatorio titulado De la universidad al campo en Medellín: intercambio de Saberes y de experiencias en el marco de la Alianza por el territorio y la vida campesina del Valle de aburrá.

El evento ahondó en las experiencias académicas que han tenido algunos estudiantes de la Universidad San Buena Aventura, la Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia con la ruralidad campesina del Valle de Aburrá, enfatizando en cómo esas experiencias pasan por lo práctico y en muchas ocasiones se convierten en una posibilidad tanto para las comunidades campesinas como para estudiantes.
Con vistas a lo que actualmente ocurre en Colombia, se hace necesario que la academia no dé la espalda a las comunidades campesinas, sino que, por el contrario, se vincule a los diferentes procesos socio territoriales para fortalecer el tejido social desde el intercambio de saberes y la creación de redes donde se dé una construcción desde la justicia, la democracia y la sostenibilidad.
Se reiteró la importancia de seguir trabajando en el Distrito Rural Campesino como una propuesta que trasciende los usos del suelo y que garantiza la visibilidad de las comunidades, anotando que la academia también debe ser partícipe de dicho proceso que procura fortalecer el tejido social y mejorar la calidad de vida de quienes viven en el campo.
Puede encontrar la transmisión del evento aquí:
‘De la universidad al campo en Medellín: intercambio de Saberes y de experiencias’.


El 19 de marzo de 2020 se decretó cuarentena nacional en todo el territorio, respondiendo a las disposiciones de la Resolución número 835 del 12 de marzo de 2020, la cual se refiere a la primera medida preventiva que consideró el Gobierno colombiano para evitar la propagación del COVID – 19. Dicha medida fue tomada sin considerar algunos sectores sociales y sin tener en cuenta que esto iba a traer como consecuencia la profundización de los conflictos sociales.
Seis meses después de la declaración del confinamiento preventivo, que tenía como fin el cuidado de las personas, la población rural campesina se vio profundamente afectada por diversos factores que, si bien ya eran una limitación en sus labores cotidianas y productivas, en este tiempo se acentuaron y sacaron a flote una realidad que parece ser ignorada por la administración municipal.
Es por lo anterior que en el marco de la Alianza por el Territorio y la Vida Campesina, de la que hacemos parte, el 19 de agosto de 2020 participamos en el segundo conversatorio virtual.En esta ocasión, moderado por Marcela Bermúdez, estuvimos conversando con diversos líderes y lideresas de la ruralidad del Valle de Aburrá, específicamente de los corregimientos de Medellín, Bello y algunas veredas del municipio de Barbosa.
Mediante la diversidad de voces pudimos enumerar y conversar acerca de esas problemáticas que están afectando a los territorios; para ello se designaron dos preguntas orientadoras: la primera de ellas se refirió a la forma en la que desde las veredas están afrontando la actual situación de crisis y la segunda procuró por interrogar a las y los participantes sobre esos requerimientos que consideran pertinentes para que las comunidades campesinas puedan resistir a la pandemia.
Las problemáticas fueron comunes en todos los territorios: la mala calidad de los servicios de telecomunicaciones, la falta de transporte público, la dificultad en la comercialización de los productos agrícolas como consecuencia de la falta de transporte, la carencia de atención en salud y en psicología, el incremento de la violencia intrafamiliar, la ineficiencia de la administración a la hora de gestionar y transportar las ayudas económicas y alimenticias para la ruralidad, la contaminación de las microcuencas, la creciente expansión urbana que trae consigo un cambio en el uso de la tierra y con ello una transformación cultural y ecológica, el alto costo de los impuestos prediales que afectan a la economía, entre otros que son consecuencias de vulneraciones históricas de los derechos de las comunidades campesinas en el país.
Por otra parte, se habló de los requerimientos que tienen las comunidades para mejorar su vida en el campo; dentro de ellas se resaltan tres temas fundamentales: el primero consiste en consolidar y proteger la cultura campesina, entendiendo lo urbano y lo rural como parte de un todo que sostiene una relación articulada para el funcionamiento integral de la ciudad. Segundo, el fortalecimiento de aquellos sistemas económicos solidarios donde se les dan garantías a quienes producen los alimentos y se incentiva a la producción y la compra consciente de productos agroecológicos. El tercero es garantizar la conectividad de la población que habita las montañas que también hacen parte del “Valle del Software”, esto genera una dinámica de inclusión a las comunidades campesinas y se previene la vulneración del derecho a la educación a los jóvenes de la ruralidad.
Como conclusión se reiteró la importancia de seguir construyendo elDistrito Rural Campesino para que estas y otras soluciones puedan ser implementadas de manera legítima y así procurar por la permanencia digna y la sostenibilidad de la ruralidad campesina en el Valle de Aburrá.
Encuentra aquí la transmisión del evento: ‘Expresiones Campesinas resistiendo en la pandemia’


A continuación se presentan comentarios, observaciones y propuestas al Proyecto de Acuerdo Plan de Desarrollo Medellín Futuro siguiendo la estructura de líneas estratégicas del mismo. Las Líneas de acción y los proyectos que se proponen tienen como base el Distrito Rural Campesino de Medellín DRC, contenido en el Plan de Ordenamiento Territorial -POT- de la ciudad de Medellín Acuerdo #048 de 2014 y adoptado por Resolución de la Alcaldía de Medellín No. 201950118486 de 2019, la cual presenta los programas y proyectos aplicables en el DRC. Presentamos este documento en 2 partes: Conceptos y análisis de las líneas estratégicas del PDM y propuestas por líneas estratégicas derivadas de la resolución que acoge el DRC:
Frente a la relación de los programas del PDM y los proyectos del POT faltó un párrafo en la presentación del PDM “Medellín Futuro”, tan siquiera una alusión a incorporar en esta imagen de futuro a la ruralidad, las más de 24.000 mil hectáreas y el 20% de la población que pertenecen a la ruralidad de Medellín, que ponen de presente los asentamientos altamente densificados sin los requerimientos básicos de salud, educación, empleo y espacio público, los espacios del agua prepago y no del mínimo vital del agua, que ponen de presente además que en aquel espacio de “periferia y ladera” se extiende un paisaje campesino que sobrepasa las 11.000 hectáreas y que es tejido y construido por más de 10.000 familias campesinas, y que en medio de la pandemia se han convertido en soberanía alimentaria y mayor capacidad de resiliencia y sostenibilidad para Medellín, es una franja de vida y economía campesina, de pequeñas parcelas campesinas, que ofrecerá, si nos lo proponemos, salida a las emergencias alimentarias que se avecinan, capacidad de prevención a la expansión urbana descontrolada y mayores grados de sostenibilidad.
Nos faltó tan solo una mención a esa ruralidad de las altas montañas, a las más de 10.000 hectáreas que son declaradas zonas de conservación, y que están riesgo de desaparecer pues a cambio de ofrecernos bosques están en potreros, desarticuladas de la ciudad y perdiendo su oportunidad para ofrecernos grados de sostenibilidad, corredores biológicos, aire limpio, biodiversidad, bosques y fauna. Medellín perderá futuro si no integra la ruralidad a un proyecto ecomunicipal.
Comunicado 25 de marzo de 2020
La realidad que estamos viviendo hoy nos confirma este planteamiento:
“Por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado, un arquitecto, pero todos los días vas a necesitar un agricultor”

En medio de la pandemia ocasionada por el nuevo Covid-19 y con las medidas de cuarentena tomadas por el gobierno departamental y el nacional, se evidencia la importancia de las actividades agropecuarias para el abastecimiento de la ciudad. En este momento de crisis son los corregimientos de San Cristóbal, San Sebastián de Palmitas, San Antonio de Prado, Santa Elena y Altavista los que están surtiendo principalmente de hortalizas y frutas a la ciudad de Medellín y a otros centros poblados. La producción campesina está abasteciendo a muchas familias de: lechuga, cebolla de rama, cebolla puerro, cebolla de huevo, col y flor, cilantro, espinaca, coles, guineo, plátanos (verdes y maduros), yuca, limón, repollo, brócoli, zanahoria, tomate de aliño, papa, bananos, fresas, naranjas y mandarinas.
Sin lugar a duda, los alimentos producidos por campesinos y campesinas de los Corregimientos de Medellín, dada la cercanía con la ciudad (alimentos 0 kilómetros), son una alternativa de soberanía alimentaria – es mejor producir alimentos en san Cristóbal y los corregimientos que traerlos de China-. En cualquier caso, la producción de cercanías, actúa como despensa para el Valle de Aburrá, siempre representan una alternativa de primer orden al riesgo de desabastecimiento, ya sea por taponamiento de vías, derrumbes o deslizamientos, problemas de clima o como en el caso actual de pandemia como la que se está presentando con el Coronavirus.
Frente al abandono estatal al cual se enfrenta la comunidad campesina, es claro que en esta situación de emergencia, los intermediarios serán los que obtengan mayores ganancias económicas debido a que pagan a muy bajo precio a quien produce las cosechas y las venden a muy alto precio en los mercados de la ciudad. Esto pasa porque el Estado, en este caso, la Alcaldía de Medellín no ha establecido políticas, canales directos de comercialización y programas de compras públicas que garanticen a la comunidad campesina el derecho a vender de forma directa la producción.
Los mercados campesinos impulsados por la Alcaldía de Medellín no favorecen a más de 200 campesinos productores, siendo que hay aproximadamente entre 10.000 a 12.000 familias campesinas en las cerca de 11.000 hectáreas que tiene el Distrito Rural Campesino del municipio. Es por lo anterior que se hace indispensable que los gobiernos locales, nacionales e internacionales volteen la mirada hacia la producción de alimentos en pequeñas parcelas y a la protección de la carta de derechos campesinos aprobada por la ONU el 18 de diciembre de 2018, hacia la implementación del Distrito Rural Campesino, la defensa de los territorios, la vida y la economía campesina como un acto político de soberanía alimentaria.
Llamamos la atención para que se generen medidas especiales de atención a los riesgos de salud generados en la actual emergencia. La comunidad campesina de las 54 veredas adolece de infraestructura, personal médico y centros de salud que canalicen el riesgo que están asumiendo al distribuir alimentos para la ciudad. Llamamos la atención sobre la situación de San Sebastián de Palmitas, las veredas más agrícolas de San Cristóbal, Santa Elena y San Antonio de Prado.
Mayor información: 314 656 51 95

Propiciaremos una reflexión en torno a los principales desafíos que tiene el Distrito Rural Campesino para su implementación y puesta en marcha como una oportunidad de derechos, justicia y equidad territorial ante las diferentes formas de discriminación que siguen persistiendo en la ruralidad de Medellín, como forma de saldar la deuda histórica que se tiene con las comunidades rurales campesinas.
Durante los 6 años de la aprobación de la figura en el Plan de Ordenamiento Territorial mediante el Acuerdo 048 de 2014 tan solo se han elaborado el diagnóstico y la formulación participativa, con recursos limitados. En la primera fase de diagnóstico hubo poca participación de la comunidad; situación que se corrigió para la segunda fase, la formulación, en donde más de 600 personas de 48 veredas pudieron aportar con sus propuestas. Esperamos que éstas sean incluidas en la implementación del DRC.
Para conseguir la protección especial del territorio y una ruralidad campesina en paz en el municipio de Medellín se requiere generar espacios amplios de participación y discusión que vinculen activamente a la comunidad campesina, sus propuestas y sus necesidades, obligación de carácter constitucional y más cuando se trata de transformaciones territoriales que afectan los derechos fundamentales.
Son motivos suficientes para la protección del territorio y la construcción de un Distrito Rural Campesino la vulneración de los derechos fundamentales: desalojos de los territorios, mujeres campesinas que no están siendo protegidas contra las violencias y la discriminación, control de la soberanía alimentaria, pérdida de la propiedad por actores armados, escasos beneficios de asistencia técnica, falta de ingresos económicos suficientes para una vida digna, falta de retribuciones dignas en el trabajo, falta de compensación por los daños ambientales, sociales y económicos ocasionados en los territorios y violaciones en general a la dignidad rural campesina.
La comunidad rural campesina no es reconocida como grupo social y como grupo minoritario de la población y por esto es deficientemente atendida desde la institucionalidad y sus instrumentos de planeación, de políticas públicas, y de proyecciones económicas con inversiones. Es una clara violación de derechos sin antecedentes en América Latina, que en Medellín no se haya censado a la población rural y de ella a la población campesina, desconociendo el acuerdo de la ONU sobre la Declaración de Derechos Campesinos firmado el 18 de diciembre del 2018.
Esta figura de Distrito Rural Campesino debe contener unos retos para la protección de la economía y la vida campesina que son fundamentales para su configuración; por lo tanto no podemos olvidar que ésta debe ser:

En varias oportunidades la Corporación Penca de Sábila ha llamado la atención sobre la necesidad de considerar en los procesos de participación a la comunidad y la ciudadanía con respeto y de acuerdo a la ley de participación libre y bien informada. Cuando la comunidad es llamada a participar, lo que es diferente a ser informada, se le debe entregar insumos transparentes y reglas de juego claras, pues es necesario saber con anticipación sobre qué hay que decidir y qué hará el establecimiento con las propuestas que haga la comunidad.
El llamado a participar en el Plan de Desarrollo de Medellín 2020 – 2023 no ha sido claro en su metodología y los instrumentos que se han incorporado para talleres sectoriales y otras actividades no reflejan las propuestas que ha hecho la comunidad. El anteproyecto de Plan de Desarrollo entregado al Consejo Territorial de Planeación no contiene la información necesaria para levantar un concepto participativo: es clara la desarticulación entre la base programática y el presupuesto; y entre las propuestas de la comunidad, la base programática y el presupuesto. No hay relación entre la línea base, las metas, los indicadores y la base programática. El presupuesto no se presenta asignado por secretarías y con la relación expresa a las líneas programáticas. No se puede recuperar lo social con el 0,26 % del presupuesto para jóvenes y el 0,33 % para mujeres. Sin ruralidad da risa la Ecociudad; el 0,23% del presupuesto asignado a corregimientos y el 0,01 % para manejo integral de barrios no construyen equidad territorial. ¿Entonces sobre qué tiene que conceptuar el Consejo Territorial de Planeación?
En el proceso de consulta al Plan de Desarrollo en conjunto con la comunidad, hemos entregado propuestas de las líneas de actividades estratégicas contenidas en la Resolución 201950118486 de 2019 del Distrito Rural Campesino. Éstas fueron entregadas en los talleres territoriales de San Sebastián de Palmitas, San Cristóbal, San Antonio de Prado, Santa Elena y Altavista, y en los talleres intersectoriales. Sin embargo, esto no se ha visto reflejado hasta el momento en el anteproyecto del Plan de Desarrollo Municipal.
Estas propuestas de líneas estratégicas son:

Es por lo anterior que hacemos un llamado a la Administración Municipal para que en coherencia con las ideas y propuestas haga una designación de presupuestos justa, equitativa y según los intereses de su plan de gobierno. Es imprescindible que el Alcalde Daniel Quintero y su equipo de gobierno cumplan con su compromiso con lo social, las mujeres y con los campesinos de Medellín y replantee el presupuesto asignado en el anteproyecto del Plan de Desarrollo del municipio, de lo contrario significaría una burla y una omisión a los derechos fundamentales establecidos en la Constitución Nacional de Colombia, lo reglamentado en el acuerdo 048 de 2014 y la Resolución de la ONU sobre derechos de los campesinos.
No vemos una propuesta de Plan de Desarrollo Municipal seriamente construida con información necesaria para dar concepto participativo sobre el POT. Le proponemos al Consejo Territorial de Planeación que se abstenga de dar concepto hasta que no se entregue una propuesta bien elaborada por parte de la Administración Municipal.
POR LA PERMANENCIA DEL TERRITORIO, LA ECONOMÍA Y LA VIDA CAMPESINA, ¡DISTRITO RURAL CAMPESINO YA!
Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila
Jueves, 12 de marzo de 2020

